lunes, 18 de febrero de 2013

SEMASIOLOGÍA Y TIPTOLOGÍA –XV-

SEMASIOLOGÍA Y TIPTOLOGÍA –XV-
Autor: Allan Kardec
De: EL LIBRO DE LOS SENSITIVOS
Versión castellana: Giuseppe Isgró C.


1.  Las primeras manifestaciones inteligentes fueron obtenidas por medio de golpes, es decir, por la tiptología. Este medio primitivo, que se resentía de la infancia del arte, no ofrecía más que medios limitadísimos, y se permanecía  reducidos, en las comunicaciones, a las respuestas monosílabas de sí y de no, con la ayuda de un número convenido de golpes. Se perfeccionó más tarde, como ya hemos dicho. Los golpes se obtuvieron de dos maneras, por medio de sensitivos especiales; es necesario, generalmente, para este modo de actuar, una cierta aptitud para las manifestaciones físicas. La primera, que se podría denominar “tiptología por medio de báscula”, la cual consiste en el movimiento de la mesa, que se eleva de un lado, después recae golpeando el pie. Es suficiente para esto que el sensitivo apoye sus manos en el extremo de la mesa. Si la persona desea entretenerse con un Espíritu determinado, debe evocarlo; caso contrario se presenta el primero que haya llegado o aquel que tenga el hábito de venir. Siendo convenido, por ejemplo, que un golpe quiera decir sí y dos golpes no, esto es indiferente, se dirigen al Espíritu las preguntas que se desea: veremos, más adelante cuales son aquellas que conviene abstenerse de anteponer. El inconveniente reside en la brevedad de la respuesta y en la dificultad de formular la pregunta de manera de obtener un sí o un no.
Supongamos que se pregunte al Espíritu: -Qué deseas tú? Él podría responder sólo con una frase; conviene, entonces, decir: -Deseas tú la tal cosa? No; la tal otra? Sí; y así sucesivamente.
2.  Es oportuno observar que conjuntamente con esta manera de expresarse el Espíritu agrega una especie de mímica, es decir, que él expresa la energía de la afirmación, o de la negación, con la fuerza de los golpes. Él exterioriza, de esta manera, la naturaleza de los sentimientos que le animan; la violencia con la rudeza de los movimientos; la cólera y la impaciencia golpeando con fuerza golpes repetidos, como una persona que patea el suelo con rabia, alguna vez, inclusive, botando por tierra la mesa. Si él es educado y benévolo, al inicio y al final de la sesión inclina la mesa en señal de saludo; queriendo él dirigirse directamente a una persona  del grupo, inclina hacia ella la mesa con dulzura o con violencia, según que quiera testimoniarle afecto o antipatía.
Es esta, propiamente hablando, la Semasiología o lenguaje de los signos, al igual que la tiptología es el lenguaje de los golpes.
He aquí un notable ejemplo del empleo de la semasiología.
Un caballero, conocido nuestro, estando un día en la sala de su casa, donde muchos individuos se ocupaban de manifestaciones tiptológicas, recibió en aquel momento una carta nuestra. Durante el tiempo en el cual él leía, la mesita que servía a las experiencias fue, improvisamente, en su dirección. Terminada la lectura de la carta, él va a ponerla sobre una mesa que se encontraba en la otra extremidad de la sala, y la mesita lo sigue y se dirige hacia la mesa en la que se encontraba la carta. Sorprendido de esta coincidencia, piensa en la posibilidad de que exista una relación entre el movimiento y la carta; él interroga al Espíritu, quien responde ser nuestro Espíritu familiar. Este hombre, habiéndonos informado de esta circunstancia, solicitamos, también nosotros, a este Espíritu, de decirnos el motivo de la visita que había hecho. Él nos respondió: -“Es natural que yo vaya a ver a las personas con las cuales tu estás en relación, para poder, en caso de necesidad, dar tanto a ti como a ellos los consejos necesarios”.
Es, por lo tanto, evidente de que el Espíritu había querido llamar la atención de esta persona y buscaba la ocasión de hacerle saber que él estaba allí. Un mudo no habría sabido hacerlo mejor.
3.  La tiptología no tardó en perfeccionarse, y se enriqueció de un medio de comunicación más completo, el de la tiptología alfabética. Ella consiste en indicar las letras del alfabeto por medio de golpes; entonces se pueden obtener palabras, frases y también discursos enteros. Siguiendo este método, la mesa efectúa tantos golpes como se requieran para indicar la letra, es decir, un golpe para a, dos para b, tres para c, y así sucesivamente; durante este tiempo, una persona escribe las letras a medida en que ellas van siendo designadas. Cuando el Espíritu ha terminado, lo hace saber con un signo preestablecido.
Este modo de proceder, como se ve, es larguísimo, y precisa de un tiempo enorme para obtener las comunicaciones de una cierta extensión; todavía ha habido personas que tuvieron la paciencia de servirse de este medio para obtener dictados de muchas páginas; la práctica permitió descubrir, después, algunos medios más abreviados, los cuales permitieron una mayor rapidez en las comunicaciones. El más utilizado consiste el de tener delante de sí un alfabeto escrito en forma completa, conjuntamente con la serie que signan las unidades. Mientras el sensitivo se encuentra en la mesa, otra persona recorre sucesivamente las letras del alfabeto si se trata de una palabra, o las series de las unidades si se tratase de un número; llegando sobre la letra necesaria, la misma mesa da un golpe, y se escribe la letra; después se recomienza para la segunda, la tercera y así sucesivamente.  En caso de haber incurrido en error sobre una letra, el Espíritu lo advierte con muchos golpes, o por medio de un movimiento de la mesa, y se recomienza de nuevo. Con la práctica, se avanza muy rápidamente; pero se abrevia, sobretodo, adivinando el final de una palabra iniciada, y que el sentido de la frase permite conocer.  De haber incertidumbre, se le pregunta al Espíritu, si quiso decir tal palabra, y él responde sí o no.
4.  Todos los efectos que hemos indicado, pueden obtenerse en una manera todavía más simple, es decir, con algunos golpes que se hacen sentir en la misma madera de la mesa, sin movimiento alguno, y que hemos descrito en el capítulo de las manifestaciones físicas (Nº 64); es la tiptología intima. No todos los sensitivos son igualmente aptos para  este último modo de comunicación, porque los hay de aquellos que obtienen únicamente los golpes por báscula; todavía, con el ejercicio ellos lo pueden obtener en la mayor parte de la comunicación, con la doble ventaja de la rapidez y se presta menos a la sospecha que el método de la báscula, cuyo resultado podría ser atribuido a una presión voluntaria. Es verdad, que los golpes podrían ser imitados, también, por sensitivos de mala fe. Las mejores cosas pueden ser contrahechas, pero esto nada prueba en su contra. (Ver al final de este libro el capítulo intitulado Fraudes y engaños).
Cualquiera que sea el perfeccionamiento que se haya podido introducir en esta manera de proceder, ella no puede jamás alcanzar la rapidez y la facilidad que presenta la escritura; por lo cual ahora se emplea muy poco. Es, aún, de gran interés en algunas ocasiones desde el punto de vista del fenómeno, sobre todo para los principiantes, y tiene la ventaja de probar, de manera decisiva, la independencia absoluta del pensamiento del sensitivo.  Se obtienen, con frecuencia, respuestas de tal manera imprevistas, tan significativas, que sería prueba de haber tomado una posición parcializada si se dejara de aceptar las evidencias. Esta es la razón por la cual este sistema es, con frecuencia, un poderoso motivo de convicción; pero, también, para este medio como por todos los demás, los Espíritus no suelen prestarse a los caprichos de los curiosos que desean ponerlos a prueba con preguntas inoportunas.
5.  Con el fin de asegurarse mejor la independencia de pensamiento del sensitivo, se imaginaron diversos instrumentos consistentes en tablas y cuadrantes sobre los cuales trazar las letras. Una aguja móvil, puesta en movimiento por el sensitivo  con la ayuda de un hilo conductor o de una polea, indica las letras. Nosotros conocemos estos instrumentos únicamente por los dibujos y por las descripciones que fueron publicadas en América; no podemos, por lo tanto, pronunciarnos sobre sus méritos, pero sí señalar que su misma complicación sea un inconveniente; que la independencia del sensitivo es igualmente testificada por los golpes íntimos, y que ella lo es, todavía, por lo imprevisto de las respuestas que no por todos los medios materiales. Por otra parte, los incrédulos, siempre dispuestos a ver por todas partes intrigas y preparaciones, se encuentran más inclinados a suponer un mecanismo especial, que no en la primera tabla que se presenta bajo la propia mano, desprovista de cualquier accesorio.
6.  Un aparato más simple, pero del cual la mala fe puede fácilmente abusar, como se verá en el capítulo de los Fraudes, es el de que nosotros designamos con el nombre de “Mesa Girardin”,  en memoria del que usaba madama Emilia de Girardin, en las numerosas comunicaciones que obtenía como sensitiva; en efectos, madama Girardin, mujer de ingenio, tenía la disposición de creer en los Espíritus y en sus manifestaciones.
Este instrumento consiste en una pequeña mesa redonda, de un solo pies, móvil, de treinta a cuarenta centímetros de diámetro, girando libremente y fácilmente sobre su eje, a manera de una ruleta. Sobre la superficie y alrededor de la circunferencia están trazados como en un cuadrante, las letras, los números y las palabras sí y no. Al centro hay una aguja fija. Dado que el sensitivo apoya los dedos sobre el ángulo de la mesita, esta gira, y se para cuando la letra deseada se encuentra debajo de la aguja. Se toma nota de las letras indicadas, y se hacen, de esta manera, muy rápidamente, las palabras y las frases.
Observamos que la mesita no se desplaza bajo los dedos, sino que los dedos, quedando apoyados, siguen el movimiento de la mesita. Quizá un sensitivo podría obtener un movimiento independiente; lo creemos posible, pero no hemos sido jamás testigos. Si la experiencia podría hacerse de esta manera, ella sería mucho más concluyente, por cuanto excluiría toda posibilidad de simulacro intencional.
7.  Queda por corregir un error muy difundido, el cual consiste en confundir con los Espíritus golpeadores todos los Espíritus que se comunican por medio de golpes. La tiptología es un medio de comunicación como cualquier otro; él no es menos digno de los Espíritus elevados, de cuanto lo sean la escritura o la palabra. Todos los Espíritus, buenos o menos buenos, pueden, por lo tanto, servirse del mismo al igual que lo hacen con los demás medios.
Lo que caracteriza a los Espíritus superiores es la elevación del pensamiento y no el instrumento del cual se sirven para transmitirlo; sin duda, ellos prefieren los medios más cómodos y sobretodo más rápidos; pero, a falta de papel y lápiz, ellos se servirán sin reparo de la rudimentaria mesa parlante, y la prueba está en que, por este medio, se obtienen las cosas más sublimes. Si nosotros no nos servimos de este medio no es porque lo despreciamos, sino, únicamente, porque, como fenómeno, nos ha enseñado todo lo que nosotros podíamos aprender del mismo, y que nada más puede agregar a nuestras convicciones, y que la extensión de las comunicaciones que recibimos exige rapidez incompatible con la tiptología.
Todos los Espíritus que golpean no son, por lo tanto, Espíritus golpeadores; este nombre debe ser reservado a aquellos que se pueden llamar golpeadores de profesión, y que, con la ayuda de este medio, se complacen en hacer jugarretas para divertir a una sociedad, o bien, para fastidiar con su inoportunidad. De su parte se puede esperar, en ocasiones, cosas briosas, -humorísticas-, jamás argumentos profundos, por lo cual sería perder el propio tiempo haciéndoles preguntas de cierta categoría científica o filosófica. Su ignorancia y grado de inferioridad han hecho, sí, que otros Espíritus, con justo título, les calificaran de Espíritus juguetones o saltimbanquis del mundo espiritual. Agregamos que, si actúan con frecuencia por cuenta propia, son también instrumentos de los cuales, con frecuencia se sirven los Espíritus superiores, cuando quieren producir efectos materiales.


lunes, 5 de noviembre de 2012

NATURALEZA DE LAS COMUNICACIONES



EL LIBRO DE LAS FACULTADES XIV
Autor: Allan Kardec
Versión castellana: Giuseppe Isgró C.

Capítulo XIV

NATURALEZA DE LAS COMUNICACIONES

Comunicaciones rudimentarias, frívolas, serias o instructivas.

1. Hemos dicho que cada efecto que revela en su causa un acto de libre voluntad, por muy insignificante sea dicho acto, demuestra una causa inteligente. Así, un simple movimiento de la mesa que responde a nuestro pensamiento, y presenta un carácter intencional, puede ser considerado como una manifestación inteligente. Si el resultado debiera limitarse a esto, no tendría para nosotros más que un interés secundario; bastaría, todavía, para darnos la prueba, que en estos fenómenos exista algo más que una acción puramente material; pero la utilidad practica que resultaría para nosotros seria nula o muy limitada. Es muy diferente cuando esta inteligencia adquiere un desarrollo que permite un intercambio regular e interrelacionado de pensamientos; entonces no se trata más de simples manifestaciones inteligentes, sino de verdaderas comunicaciones. Los medios de los cuales hoy se dispone permiten obtenerlas tan extensas, explícitas y rápidas, como aquellas que ocurren entre los seres humanos.


Si después de haber leído la Escala Espírita (El Libro de los Espíritus, Nº 100) hemos quedado bien compenetrados de la variedad infinita que existe entre los Espíritus, bajo el propio aspecto de la inteligencia y de la moralidad, se comprenderá fácilmente la diferencia que debe existir en sus comunicaciones; ellas deben reflejar la elevación o el bajo nivel de sus ideas, su saber, su ignorancia, sus vicios y sus virtudes; en una palabra, no deben asemejarse más que las de los hombres, desde el salvaje hasta el más iluminado. Todas las gradaciones que presentan pueden reagruparse en cuatro principales categorías. Según sus caracteres más destacados, ellos son: rudimentarias, frívolas, serias o instructivas.


2. Las comunicaciones rudimentarias son aquellas que se traducen con expresiones que trascienden los límites de la decencia. Ellas no pueden emanar más que de Espíritus de bajo nivel, aún imbuidos de todas las impurezas de la materia, y no difieren en nada de las que podrían dar los seres humanos viciosos y burdos. Ellas repugnan a toda persona que tenga la más pequeña delicadeza de sentimiento; por cuanto, según el carácter de los Espíritus, dichas comunicaciones son triviales, poco serias, obscenas, insolentes, arrogantes, malévolas y aun impías.


3.  Las comunicaciones frívolas provienen de Espíritus ligeros, bromistas y traviesos, más maliciosos que malos, que no dan ninguna importancia a lo que dicen. Por cuanto no tienen nada de indecente, ellas gustan a determinadas personas que se divierten y encuentran placer en estas conversaciones fútiles, en las cuales se habla mucha y no se dice nada. Estos Espíritus, algunas veces expresan argucias humorísticas y mordaces, y en medio de los vulgares chistes dicen, con frecuencia, duras verdades, que golpean, casi siempre, de manera precisa. Estos Espíritus ligeros pululan en torno a nosotros, y aprovechan todas las ocasiones para mezclarse en las comunicaciones. La verdad es el último de sus pensamientos; por lo tanto, disfrutan de cierto placer de burlarse de quienes tienen la debilidad de creer en sus palabras. Las personas que se complacen de este tipo de comunicaciones, dan, naturalmente, pies a los Espíritus ligeros y engañadores; los Espíritus serios se alejan, al igual que entre nosotros lo hacen las personas serias de las reuniones de gentes ligeras.

4. Las comunicaciones serias son formales, tanto por el argumento como por la manera en la cual se desenvuelven. Cada comunicación que excluye la frivolidad y lo rudimentario, y que tiene un fin útil, aunque fuese de un interés privado, es caracterizada como seria; pero no está, por otra parte, libre de errores. Los Espíritus serios no son todos igualmente iluminados; hay muchas cosas que ellos ignoran y sobre las cuales pueden engañarse de buena fe; es por este motivo que los Espíritus verdaderamente superiores nos recomiendan, continuamente, de someter todas las comunicaciones al examen de la razón y de la más severa lógica.


Conviene, por lo tanto, distinguir las comunicaciones de denominaremos serias-verdaderas de las comunicaciones serias-falsas; lo cual no es siempre fácil, por cuanto mediante la gravedad del lenguaje que utilizan determinados Espíritus presuntuosos y pseudos sabios, buscan de que prevalezcan las ideas más falsas y los sistemas más absurdos; y para darse mayor crédito e importancia, no tienen ningún escrúpulo de adoptar los nombres más respetados y venerables. Esto forma uno de los grandes escollos de la ciencia práctica; nosotros volveremos, más tarde, con todos los particulares que precisa un argumento tan importante, mientras hagamos conocer los medios para precaverse del peligro de las comunicaciones falsas.


5. Las comunicaciones instructivas son las que tienen por objeto principal una enseñanza cualquiera impartida por los Espíritus sobre las ciencias, la moral, la filosofía, etcétera. Ellas son más o menos profundas, según el grado de elevación y de purificación del Espíritu. Para obtener de estas comunicaciones un fruto real, conviene que sean regulares y continuadas con perseverancia.
Los Espíritus serios se acercan a aquellos que desean instruirse, y les secundan, dejando a los Espíritus ligeros que se ocupen de divertir a quienes ven en estas manifestaciones solamente una distracción. Es, únicamente, por la regularidad y la frecuencia de estas comunicaciones que se puede apreciar el valor moral e intelectual de los Espíritus, con los cuales nos entretenemos, y el grado de confianza que ellos merecen. Si es necesaria la experiencia para juzgar los seres humanos, lo es aún más para juzgar a los Espíritus.

Dando a estas comunicaciones la cualidad de instructivas, nosotros las suponemos verdaderas, por cuanto algo que no fuese verdad no podría serlo aunque fuese dicha en el lenguaje más imponente. No podríamos, por lo tanto, colocar en esta categoría ciertas enseñanzas que de serias tienen, solamente, la forma, con frecuencia pomposa y enfática, por medio de la cual los Espíritus, más presuntuosos que sabios, que las dictan, esperan ilusionar. Pero, estos Espíritu, no pudiendo suplir al fondo que le falta, no podrían sostener por mucho tiempo su rol, dejando ver, muy pronto, su lado débil, por poco que sus comunicaciones sean seguidas, o que sean acorralados en sus últimos atrincheramientos.
6. Los medios de las comunicaciones son muy variados. Los Espíritus, actuando sobre nuestros órganos y sobre todos nuestros sentidos, pueden manifestarse a la vista con las apariciones, al tacto con impresiones tangibles, ocultas o visibles, al oído con ruidos, y al olfato, con olores, de los cuales se ignora el origen. Este último modo de manifestación, por cuanto muy real, es, sin duda, el más incierto por las numerosas causas que pueden inducir en error; por lo cuan no nos detendremos sobre él.
Lo que, en cambio, debemos examinar con atención son los diversos modos de obtener las comunicaciones, es decir, un intercambio regular y continuado de pensamientos. Estos medios son: los golpes, la palabra y la escritura.
Los desarrollaremos en capítulos especiales.



miércoles, 31 de octubre de 2012

LUGARES FRECUENTADOS POR LOS ESPÍRITUS


EL LIBRO DE LAS FACULTADES –XIII-

Autor: Allan Kardec
Versión castellana: Giuseppe Isgró C.

Capítulo XIII

LUGARES
FRECUENTADOS POR LOS ESPÍRITUS

Las manifestaciones espontáneas que se han producido en todas las épocas, y la persistencia de algún Espíritu en dar evidencias de su presencia, en alguna localidad, son la fuente de la creencia en los lugares frecuentados por los espíritus. Las siguientes respuestas han sido dadas a las preguntas que sobre este argumento les han sido formuladas:
          I.   Los Espíritus se apegan a las personas; lo hacen, también, con las cosas?
-“Según su elevación. Algunos Espíritus pueden apegarse a los objetos terrestres; los avaros, por ejemplo, que han escondido sus tesoros y que no están muy desmaterializados, pueden, aún, vigilarlos y custodiarlos.”.
        II.   Tienen, los Espíritus desencarnados algunos lugares de predilección?
-“Esto se rige, también, por el mismo principio. Los Espíritus  que no están apegados más a la tierra van en los lugares donde encuentran amor; ellos son  atraídos por las personas más que por los objetos materiales; todavía, los hay que pueden, momentáneamente, tener preferencia por determinados lugares, pero son siempre Espíritus inferiores”.
     III.   Dado que el apego de los Espíritus a una localidad es un signo de inferioridad, es ésta, también, una prueba de que son espíritus malos?
-“No, ciertamente; un Espíritu puede estar poco adelantado sin que por esto sea malo; no sucede, también, la misma cosa entre los seres humanos?”-.
       IV.   La creencia de que los Espíritus frecuentan, de preferencia, las ruinas, tiene algún fundamento?
-“No. Los Espíritus van en esos lugares al igual que lo hacen en cualquier otro; pero la imaginación es afectada por el lúgubre aspecto de determinados lugares, y atribuye a su presencia lo que, con frecuencia no es más que un efecto naturalísimo. Cuantas veces el temor no ha hecho tomar la sombra de un árbol por un fantasma, el grito de un animal, o la ráfaga del viento por las voces de los Espíritus! Los Espíritus aman la presencia de la gente, por lo tanto, buscarán, preferiblemente, los lugares habitados más que aquellos aislados”-.


-Todavía, estando a cuanto nosotros sabemos en torno a la diferencia de carácter de los Espíritus, los debe haber misántropos, que pueden preferir la soledad.
-“Precisamente por esto no he respondido a la cuestión de una manera absoluta; he dicho que ellos pueden ir a los lugares desérticos como en todas partes, y es evidente que aquellos que se mantienen aislados, lo hacen porque esto es de su agrado; pero no es una razón para deducir que las ruinas sean necesariamente los lugares de su predilección; y de hecho los hay, ciertamente, en mayor cantidad en las ciudades y en los edificios que no en el fondo de las selvas”-.
V. Las creencias populares tienen, en general, un fondo de verdad; cuál puede ser el origen de la de los lugares frecuentados por los Espíritus?
-“El fondo de la verdad es la manifestación de los Espíritus a la cual el ser humano creyó en cada tiempo por instinto; pero como ya os dije, el aspecto de los lugares lúgubres afecta su imaginación, y os coloca, naturalmente, los seres que él considera como sobrenaturales. Esta supersticiosa creencia es nutrida por los relatos fantásticos en los cuales se desarrolló su infancia”-.
VI. Los Espíritus que se reúnen tienen, para hacer esto, días u horas de su preferencia?
-“No; los días y las horas son medidas del tiempo de uso humano y para la vida corpórea, pero de ello los Espíritus no tienen necesidad y no se ocupan”-.


VII. Cuál es el origen de la idea de que los Espíritus vengan, con preferencia, durante la noche?
-“La impresión producida sobre la imaginación por el silencio y la oscuridad. Todas estas creencias son supersticiones que el conocimiento razonado del Espiritismo debe destruir. Lo mismo se dice de los días y de las horas que se cree sean los más propicios; creed, por lo tanto, que la influencia de la medianoche no ha existido mas que en las fabulas”.
-Si es así, por qué, entonces, ciertos Espíritus anuncian su llegada y sus manifestaciones para aquella hora, o en días determinados, como el viernes, por ejemplo?
-“Se trata de Espíritus que se aprovechan de la credulidad y se divierten. Por la misma razón, hay algunos que afirman ser el diablo y se asignan nombres infernales. Mostradles que vosotros no sois sus juguetes y ellos no regresarán más”-.
VIII. Los Espíritus regresan, preferiblemente, a la última morada en que se encuentra su cuerpo físico?
-“El cuerpo era solamente un vestido; no se encuentran apegados al cuerpo  que fue objeto de sus pruebas de vida más que el tenga un prisionero por sus cadenas. El recuerdo de las personas que les son queridas es la única cosa a la cual ellos atribuyen alguna importancia”.
-Las oraciones que se suelen hacer sobre sus últimas moradas físicas les resultan más gratas que las otras y les atraen más que las realizadas en otros sitios?
-“La oración a Dios es, también, una evocación que atrae a los Espíritus, vosotros lo sabéis bien. La oración tiene tanto mayor efecto cuanto ella sea fervorosa y sincera; ahora, delante a una última morada venerada el recogimiento es más profundo, y la conservación de pías reliquias es un testimonio de afecto que se otorga al Espíritu, al cual él es sensible. Siempre es el pensamiento que actúa sobre el Espíritu, y no los objetos materiales, y estos objetos tienen mayor influencia sobre aquel que ora, atrayendo su atención, más bien que sobre el Espíritu”.


IX. De cuanto hemos dicho hasta aquí, la creencia en los lugares frecuentados por los Espíritus no parecería del todo falsa?
-“Hemos dicho que ciertos Espíritus pueden ser atraídos por cosas materiales; podrían serlo, por ejemplo, por ciertos lugares en los cuales parecen elegir domicilio, hasta que cesen las circunstancias que lo determinaban”-.
-Cuáles son las circunstancias que pueden determinarlo?
-“Su simpatía por alguna de las personas que les frecuentan, y el deseo de comunicarse con ellos. Todavía, sus intenciones podrían no ser siempre muy loables; cuando se trata de Espíritus inferiores, ellos pueden querer vengarse de algunas personas de quienes tengan motivos de quejas. La permanencia en un lugar podría ser para algunos una sanción que le haya sido aplicada mientras ellos estén influidos por determinado delito en particular”.


X. Los lugares frecuentados por los Espíritus, los son siempre por antiguos habitantes de estos mismos lugares?
-“Algunas veces, pero no siempre, por cuanto si el antiguo habitante es un Espíritu elevado, no tendrá en cuenta su habitación terrestre más de cuanto la tendría por su cuerpo. Los Espíritus que frecuentan ciertos lugares, con frecuencia no tienen otro motivo más que el capricho, a menos que no sean atraídos por la simpatía por ciertas personas”.
-Pueden establecerse con la finalidad de proteger a una persona o a su familia?
-“Ciertamente, si son buenos; pero en este caso ellos no manifiestan nunca su presencia de manera desagradable”.
XI. Existe algo de verdad en la historia de la Dama Blanca?
-“Es un relato formado por miles de hechos verdaderos”.
XII. Es, quizá, razonable temer a los lugares frecuentados por los Espíritus?
-“No, los Espíritus que frecuentan determinados lugares y crean disturbios, buscan de divertirse a costa de la credulidad y de la ingenuidad más que hacer mal alguno. Por otra parte, pensad que los Espíritus están en todas partes y que, en cualquier lugar en que os encontréis, los tenéis continuamente a vuestro lado, aún en las casas más tranquilas. Parece que algunas veces frecuentan, con preferencia, determinados lugares, por cuanto encuentran la oportunidad de manifestar su presencia”.


XIII. Existe algún medio para expulsarlos?
-“Sí, pero con frecuencia lo que se hace para obtener este objetivo los atrae más en vez de alejarlos. La mejor manera para alejar a los malos Espíritus es el de atraer a los buenos. Atraed, por lo tanto, a los buenos Espíritus haciendo el mayor bien posible, y los malos se alejarán, por cuanto el bien y el mal son, entre ellos, incompatibles. Sed buenos y tendréis, únicamente, buenos Espíritus a vuestro lado”.
-Existen, no obstante esto, personas de elevadas condiciones que son objeto de la acción de los malos Espíritus?
-“Si estas personas son realmente buenas, es, quizá, una prueba para ejercitar su paciencia e inducirlos a ser, aún, mejores; pero creed, también, que aquellos que hablan continuamente de virtud, no suelen ser quienes la poseen en mayor grado. Aquel que posee algunas cualidades reales, con frecuencia las ignora él mismo, o jamás habla de ellas”.
XIV. Qué hay que creer relativamente a la eficacia del exorcismo, para alejar a los malos Espíritus de los lugares que suelen frecuentar?
-“Habéis visto que este medio haya tenido éxito con frecuencia? No visteis, por el contrario, que casi siempre, el ruido ha aumentado después de la ceremonia del exorcismo? La razón es que ellos se divierten al ser tomados por el diablo”.
-“Los Espíritus que no vienen con malas intenciones, pueden, también, manifestar su presencia con ruidos, y también hacerse visibles; pero ellos no hacen nunca ruidos fastidiosos. En general, son Espíritus que sufren, a quienes podéis aportar sosiego, orando por ellos. Otras veces son Espíritus benévolos que quieren aportaros la prueba de estar cerca de vosotros; o bien, en fin, son Espíritus ligeros que quieren bromear. Desde el momento en que aquellos que turban la quietud produciendo ruido son casi siempre Espíritus que se divierten, lo mejor que se puede hacer es reír; ellos se cansarán si observan que no logran ni asustar ni que se pierda la paciencia”. (Ver el cap. 5, Manifestaciones físicas espontáneas). 


De las explicaciones dadas hasta ahora, resulta que hay Espíritus que se apegan a determinados lugares y se ubican allí, con preferencia, pero que, aún así no tienen la necesidad de manifestar su presencia con efectos sensibles. Un lugar cualquiera puede ser el obligado o el de predilección de un Espíritu, aún de nivel inferior, sin que por eso haya habido jamás manifestación alguna.
Los Espíritus que se apegan a las localidades o a las cosas materiales, nunca son Espíritus superiores; pero sin serlo, pueden, todavía, no ser malos, y no tener ninguna intención inadecuada; algunas veces son huéspedes más útiles que nocivos, por cuanto se interesan por las personas, y pueden protegerles.
 





viernes, 24 de agosto de 2012

LABORATORIO DE LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL


EL LIBRO DE LAS FACULTADES
Capítulo XII

LABORATORIO DE LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL
Autor: Allan Kardec
Versión castellana y comentaio exegético:
Giuseppe Isgró C.


Hábitos de los Espíritus. Formaciones espontáneas de objetos tangibles. Modificaciones de las propiedades de la materia. Acciones magnéticas curativas.


1.  Nosotros hemos dicho que los Espíritus se presentan vestidos de túnicas, ropajes, o, también, con sus trajes ordinarios. Los ropajes parecen ser de uso general en el mundo de los Espíritus. Pero surge una pregunta natural: Dónde toman, ellos, los trajes similares a los que usaban estando encarnados? Y, dado que ellos no se llevaron consigo tales objetos, por cuanto se encuentran, aún, bajo nuestra mirada, cuál origen tienen, por lo tanto, aquellos que ellos utilizan en la dimensión espiritual? Esta cuestión siempre ha generado un gran interés: pero para muchas personas fue un objeto de simple curiosidad; ella confirmaba, por otra parte, un principio de gran importancia, por cuanto su solución nos ha colocado sobre la vía de una ley general, que encuentra su aplicación también en nuestro mundo corpóreo. Muchos hechos han venido a complicarla y a demostrar la insuficiencia de las teorías que se habían enunciado.
Se podía, hasta cierto punto, darse cuenta del traje, por cuanto se puede considerar como formando parte, de alguna manera, del individuo, no así, de los objetos accesorios, como por ejemplo, la tabaquera del visitante de la señora que precisaba curarse, de quien hemos hablado en el Nº 116. Notemos a este propósito, que no se trataba de alguien desencarnado, sino de un encarnado, y que este señor, cuando regresó en persona, tenía consigo una tabaquera del todo similar. Dónde, por lo tanto, había encontrado su Espíritu la que él usaba, cuando se encontraba al lado de la cama de dicha señora?
Podríamos citar un gran número de casos en los cuales Espíritus desencarnados, o encarnados, han aparecido con diversos objetos, como bastones, armas, pipas, linternas, libros, etcétera.
Nos viene a la mente, entonces, un pensamiento, es decir, que los cuerpos inertes podrían tener sus respectivos análogos etéreos, en la dimensión espiritual; que la materia condensada de la que se forman los objetos pudiese tener una parte en quintaesencia, que escapara a nuestros sentidos. Esta teoría no era exenta de verosimilitud, pero no estaba en grado de explicarnos todos los hechos. Uno, sobretodo, parecía contradecir todas las interpretaciones. Hasta ahora no se trató más que de imágenes o de apariencias; hemos visto bien que el periespíritu, o alma, puede adquirir las propiedades de la materia, y volverse tangible, pero esta tangibilidad es solamente momentánea, y el cuerpo sólido desaparece como una sombra. Este es, ya, un fenómeno muy extraordinario, pero lo que le supera es ver producir la  materia sólida persistente, como lo prueban los numerosos hechos auténticos, y particularmente los de la escritura directa, de la cual hablaremos en un capítulo especial. Todavía, por cuanto este fenómeno se liga íntimamente al sujeto de que tratamos en este momento,  y que no es una de las aplicaciones más positivas, adelantaremos la exposición.
2. La escritura directa, o pneumatografía, se produce espontáneamente, sin la intervención ni de la mano del sensitivo, ni del lápiz. Basta tomar una hoja de papel blanco (con todas las preocupaciones necesarias para asegurarse de que no se pueda ser engañados por algún subterfugio), doblarlo y depositarlo en alguna parte, (en una cajita, o simplemente sobre un mueble), y, si las condiciones son convenientes, dentro de un lapso más o menos largo, se encuentran sobre el papel caracteres trazados, signos diversos, palabras, frases, e inclusive, discursos, escritos, frecuentemente, con una substancia grisácea, análoga al plomo, otras veces con lápiz rojo,  o con tinta ordinaria, o también, con tinta de imprenta. He aquí el hecho en toda su simplicidad, y cuya reproducción, aunque poco común, no es, con todo, de extrema rareza, por cuanto existen personas que la obtienen fácilmente. Aún cuando se quisiera agregar un lápiz al papel, se podría creer que el Espíritu se haya servido de él para escribir; pero desde el momento que el papel está solo, es evidente que la escritura está formada por una materia depositada. Dónde tomó el Espíritu esta materia? Tal es la pregunta a cuya solución nosotros fuimos conducidos por la tabaquera de la cual hemos hablado.
3. El Espíritu de Luís nos ha dado esta solución en las siguientes respuestas:
1) Hemos citado un caso de aparición del Espíritu encarnado de una persona, quien tenía una tabaquera y tomaba polvo. Probaba él la sensación que se tiene cuando se toma polvo en realidad?
-“No”.
2) Esta tabaquera tenía la forma de la que él se servía habitualmente, y que mantenía cerca de sí. Qué era esta tabaquera en las manos de este hombre?
-“Una apariencia; esto ocurrió mientras la circunstancia fuese observada, como de hecho lo fue, y la aparición no fuese tomada por una alucinación producida por el estado de salud de la vidente. El Espíritu quería que esta señora creyese en la realidad de su presencia, y por lo tanto él tomó todas las apariencias de la realidad”.
3)       Habéis dicho que es una apariencia; pero una apariencia no tiene nada de real, es como una ilusión óptica. Quisiéramos saber si esta tabaquera era precisamente una imagen sin realidad o si había algo de material.
“Ciertamente; es con la ayuda de este principio material que el periespíritu toma la apariencia de trajes similares a los que el Espíritu utilizaba estando encarnado”.
Observación: Es preciso entender aquí la palabra apariencia en el sentido de aspecto, de imitación. La tabaquera real no estaba allí; la que tenía el Espíritu no era más que la representación; era por lo tanto una apariencia comparable con la original, no obstante fuese formada por un principio material.
La experiencia nos enseña que no conviene tomar al pié de la letra ciertas expresiones empleadas por los Espíritus; interpretándolas según nuestras ideas, nos exponemos a grandes errores; he aquí porque conviene profundizar el sentido de las palabras, cada vez que él presenta la mínima ambigüedad. Es, ésta, una recomendación que constantemente nos hacen los mismos espíritus. Sin la explicación que nosotros hemos inducido, la palabra apariencia, constantemente reproducida en los casos análogos, podía dar lugar a una falsa interpretación.

4)       La materia inerte, entonces, se desdoblaría? Se encuentra, quizá, en el mundo invisible una materia esencial, que reviste en su manifestación la forma de los objetos que vemos? En una palabra, estos objetos tendrían el duplicado etéreo en la dimensión espiritual, al igual que los humanos quienes están representados por los Espíritus?
5)              –“No es así. El Espíritu tiene sobre los elementos materiales esparcidos por todas partes, en el espacio, en vuestra atmósfera, una potencia que estáis muy lejos de sospechar. Él puede, por su propia voluntad concentrar estos elementos y darles la forma aparente propia a sus proyectos.
Observaciones: Esta cuestión, como se ha visto, era la solución de nuestro pensamiento, es decir, la traducción de la idea que nos habíamos formado sobre la naturaleza de estos objetos. Si las respuestas fuesen, como lo pretenden algunos, el reflejo del pensamiento, habríamos obtenido la conformación de nuestra teoría en vez de una contraria.
1. Pongo, todavía, la cuestión en forma categórica, de manera que se evite todo equívoco. Los trajes con los cuales se cubren los Espíritus, son alguna cosa?
-“Me parece que la respuesta dada precedentemente resuelve la cuestión. No sabéis que el periespíritu, o el alma, es, de por sí, alguna cosa?”
2. Resulta de esta explicación que los Espíritus producen en la materia etérea las transformaciones que desean manifestar, a voluntad, y que así, por ejemplo, por lo que se refiere a la tabaquera, el Espíritu no la encontró hecha, sino que la hizo él mismo en el momento en que la precisaba, por medio de un acto de su voluntad, y que pudo, luego, deshacerla; la misma cosa debe, por lo tanto, ocurrir con todos los demás objetos, como trajes, joyas, etcétera.
-“Evidentemente, así es!”
3. Esta tabaquera fue visible para esta señora a tal punto de parecerle real. El Espíritu habría podido rendirla visible para ella?
-“Habría podido”.
4. Presentándose la ocasión, esta señora habría podido tomarla en sus manos, creyendo de tener una verdadera tabaquera?
-“Sí”.
5. Si la hubiese abierto, habría, probablemente, encontrado tabaco; si hubiese inhalado este tabaco le habría hecho estornudar?
-“Sí”.
6. El Espíritu, por lo tanto, puede darle no sólo la forma sino, también, propiedades especiales?
-“Sí, si lo quiere; es, únicamente, en virtud de este principio que he respondido afirmativamente a las cuestiones precedentes. Vosotros tendréis pruebas de la potente acción ejercitada por el Espíritu sobre la materia, y que, no obstante, estáis muy lejos de comprender, como ya se os dijo”.
7.            Suponemos, entonces, que él hubiese querido hacer una substancia venenosa, y que una persona la hubiese ingerido, se habría envenenado?
-“Hubiera podido, pero no lo habría hecho, por cuanto no le sería permitido hacerlo.”.
8. Tendría el Espíritu el poder de hacer una substancia saludable y apta a efectuar un determinado tipo de curación y, este caso se ha verificado, ya?
-“Si, muy frecuentemente”-
COMENTARIO EXEGÉTICO GIC: Este fenómeno podría efectuarse, por lo menos, de dos maneras diferentes. La primera: Mediante un aporte de la substancia desde el lugar en que se encuentre hasta aquel en que está ubicada la persona en cuestión. Para que se efectúe el aporte debe haber en el ambiente una persona que disponga de la facultad respectiva. Dado que toda persona tiene todas las facultades espirituales inherentes al ser humano, aunque se encuentre en estado rudimentario de desarrollo, ella está allí, latente, y bajo la dirección espiritual adecuada, y oportuna, el fenómeno es factible de ser realizado. La segunda modalidad, es la de la creación de la substancia, si el Espíritu tiene la maestría suficiente para hacerlo. Dado que toda manifestación de la materia, empieza con la vibración el Espíritu elemental del elemento mineral, -o elementos minerales-, que se precise, el Espíritu podría ordenar a un conjunto de espíritus elementales adecuados al caso en particular, que manifiesten la substancia precisada. A tales efectos vibrarían en la forma propicia, y harían tangible la substancia, ya que toda materia es la condensación de la energía de acuerdo al estado vibratorio el Espíritu elemental del mineral de que se trate, en un caso particular. Por ejemplo: El elemento hierro vibra en una frecuencia determinada, y materializa el hierro, y así sucesivamente con todos los elementos. Este proceso es el que se utiliza en la formación de cada mundo, en el momento de su gestación, de acuerdo con un plan y la dirección de los maestros de la creación. Empero, es un proceso de creación perenne.
9. El Espíritu podría, entonces, hacer también una substancia alimenticia; supongamos, por ejemplo, un fruto, una bebida cualquiera, y ser ingerida por una persona y ésta quedar satisfecha?
-“Sí, sí; pero no busquéis tanto para encontrar esto que es tan fácil de comprender. Basta un rayo de sol, para rendir perceptibles a vuestros ojos aquellas partículas materiales que saturan el espacio en medio al cual vivís; no sabéis que el aire contiene el vapor de agua? Condensadles, y los conduciréis al estado normal Privadlos del calor, y he aquí que estas moléculas impalpables e invisibles  se convertirán en un cuerpo sólido, solidísimo. Existen otras diferentes substancias de las cuales los químicos extraerán maravillas todavía más sorprendentes. El Espíritu posee, únicamente, instrumentos más perfectos de los vuestros: la voluntad es el permiso de Dios”.
Observación: La cuestión de saciedad es aquí muy importante. Como puede, una substancia, que tiene, únicamente, existencia y propiedad temporales y en cierta manera de convención, puede producir saciedad? Esta substancia, por medio de su contacto con el estomago, produce la sensación de la saciedad, pero no la saciedad que resulta de la plenitud. Si una tal substancia puede actuar sobre la economía y modificar un estado morboso, ella puede, también, actuar sobre el estomago y producir la sensación de la saciedad.
10.         Los objetos rendidos tangibles por la voluntad del Espíritu, podrían tener un carácter de permanencia y de estabilidad, y convertirse de uso normal?
-“Esto se podría, pero no se hace; es algo fuera de la ley”.
11.         Los Espíritus tienen todos en el mismo grado el poder de producir estos objetos tangibles?
-“Es cosa cierta que tanto más el Espíritu es elevado, tanto más fácilmente él los obtiene; pero esto depende, todavía, de las circunstancias. También los Espíritus inferiores pueden tener este poder”.
12.         El Espíritu se rinde siempre cuenta del modo en el cual produce tanto sus indumentarias como los objetos de los cuales ofrece la apariencia?
.”No, con frecuencia concurre a su formación con un acto instintivo, que no comprende él mismo, si no es bastante iluminado para esto”.
13.         Si el Espíritu puede tomar del elemento universal los materiales para hacer cada cosa, y darle una temporánea realidad con sus propiedades, puede, también, tomar lo que es necesario para escribir, y por lo tanto esto nos conduce a pensar que pueda dar la clave del fenómeno de la escritura directa?
-“Finalmente, hemos llegado a donde queríais”.
Observación: De hecho, es a este punto que nosotros queríamos llegar, con todas nuestras cuestiones preliminares; la respuesta prueba que el Espíritu había leído en nuestro pensamiento.
14.         Si la materia de la cual se sirve el Espíritu no tiene persistencia, cómo es posible que los trazos de la escritura directa no desaparecen?
-“No sofistiquéis sobre el significado de las palabras; hasta ahora no se ha pronunciado la palabra jamás; era cuestión de un objeto material voluminoso; aquí son signos trazados que es útil conservar y que son conservados. Se ha querido decir que los objetos compuestos de esta manera por el Espíritu, no podrían convertirse en objetos usuales, por cuanto, en realidad, no hay agregación de la materia, al igual que en vuestros cuerpos sólidos”.
4. La teoría hasta ahora expuesta puede resumirse de esta manera: El Espíritu actúa sobre la materia; él toma en la materia cósmica los elementos necesarios para formar a su voluntad objetos que tienen la apariencia de diversos cuerpos que existen sobre la tierra. Él puede, igualmente, producir sobre la materia elemental, con su voluntad, una transformación íntima que le da determinadas propiedades. Esta facultad es inherente ala naturaleza del Espíritu, que la ejercita frecuentemente como un acto instintivo cuando esto es necesario, y sin darse cuenta. Los objetos formados por el Espíritu tienen una existencia temporal, subordinada a su voluntad o a la necesidad; él puede hacerlos y deshacerlos a su voluntad. Estos objetos pueden, en ciertos casos, tener, a los ojos de las personas, todas las apariencias  de la realidad, es decir, volverse, momentáneamente, visibles y, también, tangibles. Hay formación, pero no creación, por cuanto el Espíritu no puede formar nada de la nada.
5. La existencia de una materia elemental única es casi generalmente admitida hoy en día por la ciencia, es confirmada, como se ha visto, por los Espíritus. Esta materia da origen a todos los cuerpos de la naturaleza; por medio de las transformaciones que ella asume produce, también, las diversas propiedades de estos mismos cuerpos; es así que una substancia saludable puede convertirse en venenosa con una simple modificación. La química nos ofrece numerosos ejemplos. Todos saben que dos substancias inocuas combinadas en ciertas proporciones pueden producir una que sea nociva. Una parte de oxigeno y dos de hidrógeno, las dos inofensivas, forman el agua; agregadle un átomo de oxigeno, y tendréis un líquido corrosivo.
Sin cambiar las proporciones, basta, frecuentemente, un simple cambio en el modo de la agregación molecular para cambiar las propiedades. En tal manera, un cuerpo opaco puede convertirse en trasparente y viceversa. Por cuanto el Espíritu tiene, por su sola voluntad, una acción de tal manera potente sobre la materia elemental, se concibe  que él pueda no solamente formar determinadas substancias, sino desnaturalizar sus propiedades, haciendo, también, por la voluntad, el efecto de un reactivo.
6. Esta teoría nos da la solución de un hecho muy conocido en magnetismo, pero inexplicado todavía, es decir, aquel del cambio de las propiedades del agua por la fuerza de la voluntad. El Espíritu agente es el del magnetizador, asistido, usualmente, por un Espíritu extraño; él actúa una transmutación con la ayuda del fluido magnético, el cual, como se dijo, es la substancia que más se le acerca a la materia cósmica, o elemento universal. Si él puede producir una modificación en la propiedad del agua, puede, igualmente,  hacerlo con un fenómeno análogo sobre los fluidos del organismo, y de ahí nace el efecto curativo de la acción magnética convenientemente dirigida.
Se conoce la parte esencial que representa la voluntad en todos los fenómenos del magnetismo; pero, cómo explicar la acción material de un agente tan sutil?  La voluntad no es un ser, una substancia cualquiera, y tampoco es una propiedad de la materia más etérea; la voluntad es el atributo esencial del Espíritu, es decir, del ser pensante, con la ayuda de esta palanca él actúa sobre la materia elemental, y, por una acción consecutiva, él reacciona sobre sus componentes, cuyas propiedades íntimas pueden, de esta manera, ser transformadas.
La voluntad es el atributo del Espíritu, tanto encarnado como desencarnado; de ahí proviene la voluntad del magnetizador, potencia que se conoce que es proporcional a la fuerza de voluntad. El Espíritu encarnado, pudiendo actuar sobre la materia elemental, puede, por lo tanto, igualmente variar las propiedades dentro de ciertos límites. Así se explica la facultad de curar por medio del contacto y de la imposición de las manos, facultad que algún individuo posee en grado más o menos elevado. (Ver el capítulo de los Sensitivos, el artículo relativo a los Sensitivos curativos. Ver también la Revue Spirite, julio de 1959, pag. 184 y 189: "El zuavo de Margenta; un oficial del ejército en Italia").