domingo, 10 de noviembre de 2013

SEMASIOLOGÍA Y TIPTOLOGÍA –XV-

SEMASIOLOGÍA Y TIPTOLOGÍA –XV-
Autor: Allan Kardec
De: EL LIBRO DE LOS SENSITIVOS
Versión castellana: Giuseppe Isgró C.


1.  Las primeras manifestaciones inteligentes fueron obtenidas por medio de golpes, es decir, por la tiptología. Este medio primitivo, que se resentía de la infancia del arte, no ofrecía más que medios limitadísimos, y se permanecía  reducidos, en las comunicaciones, a las respuestas monosílabas de y de no, con la ayuda de un número convenido de golpes. Se perfeccionó más tarde, como ya hemos dicho. Los golpes se obtuvieron de dos maneras, por medio de sensitivos especiales; es necesario, generalmente, para este modo de actuar, una cierta aptitud para las manifestaciones físicas. La primera, que se podría denominar “tiptología por medio de báscula”, la cual consiste en el movimiento de la mesa, que se eleva de un lado, después recae golpeando el pie. Es suficiente para esto que el sensitivo apoye sus manos en el extremo de la mesa. Si la persona desea entretenerse con un Espíritu determinado, debe evocarlo; caso contrario se presenta el primero que haya llegado o aquel que tenga el hábito de venir. Siendo convenido, por ejemplo, que un golpe quiera decir y dos golpes no, esto es indiferente, se dirigen al Espíritu las preguntas que se desea: veremos, más adelante cuales son aquellas que conviene abstenerse de anteponer. El inconveniente reside en la brevedad de la respuesta y en la dificultad de formular la pregunta de manera de obtener un o un no.
Supongamos que se pregunte al Espíritu: -Qué deseas tú? Él podría responder sólo con una frase; conviene, entonces, decir: -Deseas tú la tal cosa? No; la tal otra? Sí; y así sucesivamente.
2.  Es oportuno observar que conjuntamente con esta manera de expresarse el Espíritu agrega una especie de mímica, es decir, que él expresa la energía de la afirmación, o de la negación, con la fuerza de los golpes. Él exterioriza, de esta manera, la naturaleza de los sentimientos que le animan; la violencia con la rudeza de los movimientos; la cólera y la impaciencia golpeando con fuerza golpes repetidos, como una persona que patea el suelo con rabia, alguna vez, inclusive, botando por tierra la mesa. Si él es educado y benévolo, al inicio y al final de la sesión inclina la mesa en señal de saludo; queriendo él dirigirse directamente a una persona  del grupo, inclina hacia ella la mesa con dulzura o con violencia, según que quiera testimoniarle afecto o antipatía.
Es esta, propiamente hablando, la Semasiología o lenguaje de los signos, al igual que la tiptología es el lenguaje de los golpes.
He aquí un notable ejemplo del empleo de la semasiología.
Un caballero, conocido nuestro, estando un día en la sala de su casa, donde muchos individuos se ocupaban de manifestaciones tiptológicas, recibió en aquel momento una carta nuestra. Durante el tiempo en el cual él leía, la mesita que servía a las experiencias fue, improvisamente, en su dirección. Terminada la lectura de la carta, él va a ponerla sobre una mesa que se encontraba en la otra extremidad de la sala, y la mesita lo sigue y se dirige hacia la mesa en la que se encontraba la carta. Sorprendido de esta coincidencia, piensa en la posibilidad de que exista una relación entre el movimiento y la carta; él interroga al Espíritu, quien responde ser nuestro Espíritu familiar. Este hombre, habiéndonos informado de esta circunstancia, solicitamos, también nosotros, a este Espíritu, de decirnos el motivo de la visita que había hecho. Él nos respondió: -“Es natural que yo vaya a ver a las personas con las cuales tu estás en relación, para poder, en caso de necesidad, dar tanto a ti como a ellos los consejos necesarios”.
Es, por lo tanto, evidente de que el Espíritu había querido llamar la atención de esta persona y buscaba la ocasión de hacerle saber que él estaba allí. Un mudo no habría sabido hacerlo mejor.
3.  La tiptología no tardó en perfeccionarse, y se enriqueció de un medio de comunicación más completo, el de la tiptología alfabética. Ella consiste en indicar las letras del alfabeto por medio de golpes; entonces se pueden obtener palabras, frases y también discursos enteros. Siguiendo este método, la mesa efectúa tantos golpes como se requieran para indicar la letra, es decir, un golpe para a, dos para b, tres para c, y así sucesivamente; durante este tiempo, una persona escribe las letras a medida en que ellas van siendo designadas. Cuando el Espíritu ha terminado, lo hace saber con un signo preestablecido.
Este modo de proceder, como se ve, es larguísimo, y precisa de un tiempo enorme para obtener las comunicaciones de una cierta extensión; todavía ha habido personas que tuvieron la paciencia de servirse de este medio para obtener dictados de muchas páginas; la práctica permitió descubrir, después, algunos medios más abreviados, los cuales permitieron una mayor rapidez en las comunicaciones. El más utilizado consiste el de tener delante de sí un alfabeto escrito en forma completa, conjuntamente con la serie que signan las unidades. Mientras el sensitivo se encuentra en la mesa, otra persona recorre sucesivamente las letras del alfabeto si se trata de una palabra, o las series de las unidades si se tratase de un número; llegando sobre la letra necesaria, la misma mesa da un golpe, y se escribe la letra; después se recomienza para la segunda, la tercera y así sucesivamente.  En caso de haber incurrido en error sobre una letra, el Espíritu lo advierte con muchos golpes, o por medio de un movimiento de la mesa, y se recomienza de nuevo. Con la práctica, se avanza muy rápidamente; pero se abrevia, sobretodo, adivinando el final de una palabra iniciada, y que el sentido de la frase permite conocer.  De haber incertidumbre, se le pregunta al Espíritu, si quiso decir tal palabra, y él responde o no.
4.  Todos los efectos que hemos indicado, pueden obtenerse en una manera todavía más simple, es decir, con algunos golpes que se hacen sentir en la misma madera de la mesa, sin movimiento alguno, y que hemos descrito en el capítulo de las manifestaciones físicas (Nº 64); es la tiptología intima. No todos los sensitivos son igualmente aptos para  este último modo de comunicación, porque los hay de aquellos que obtienen únicamente los golpes por báscula; todavía, con el ejercicio ellos lo pueden obtener en la mayor parte de la comunicación, con la doble ventaja de la rapidez y se presta menos a la sospecha que el método de la báscula, cuyo resultado podría ser atribuido a una presión voluntaria. Es verdad, que los golpes podrían ser imitados, también, por sensitivos de mala fe. Las mejores cosas pueden ser contrahechas, pero esto nada prueba en su contra. (Ver al final de este libro el capítulo intitulado Fraudes y engaños).
Cualquiera que sea el perfeccionamiento que se haya podido introducir en esta manera de proceder, ella no puede jamás alcanzar la rapidez y la facilidad que presenta la escritura; por lo cual ahora se emplea muy poco. Es, aún, de gran interés en algunas ocasiones desde el punto de vista del fenómeno, sobre todo para los principiantes, y tiene la ventaja de probar, de manera decisiva, la independencia absoluta del pensamiento del sensitivo.  Se obtienen, con frecuencia, respuestas de tal manera imprevistas, tan significativas, que sería prueba de haber tomado una posición parcializada si se dejara de aceptar las evidencias. Esta es la razón por la cual este sistema es, con frecuencia, un poderoso motivo de convicción; pero, también, para este medio como por todos los demás, los Espíritus no suelen prestarse a los caprichos de los curiosos que desean ponerlos a prueba con preguntas inoportunas.
5.  Con el fin de asegurarse mejor la independencia de pensamiento del sensitivo, se imaginaron diversos instrumentos consistentes en tablas y cuadrantes sobre los cuales trazar las letras. Una aguja móvil, puesta en movimiento por el sensitivo  con la ayuda de un hilo conductor o de una polea, indica las letras. Nosotros conocemos estos instrumentos únicamente por los dibujos y por las descripciones que fueron publicadas en América; no podemos, por lo tanto, pronunciarnos sobre sus méritos, pero sí señalar que su misma complicación sea un inconveniente; que la independencia del sensitivo es igualmente testificada por los golpes íntimos, y que ella lo es, todavía, por lo imprevisto de las respuestas que no por todos los medios materiales. Por otra parte, los incrédulos, siempre dispuestos a ver por todas partes intrigas y preparaciones, se encuentran más inclinados a suponer un mecanismo especial, que no en la primera tabla que se presenta bajo la propia mano, desprovista de cualquier accesorio.
6.  Un aparato más simple, pero del cual la mala fe puede fácilmente abusar, como se verá en el capítulo de los Fraudes, es el de que nosotros designamos con el nombre de “Mesa Girardin”,  en memoria del que usaba madama Emilia de Girardin, en las numerosas comunicaciones que obtenía como sensitiva; en efectos, madama Girardin, mujer de ingenio, tenía la disposición de creer en los Espíritus y en sus manifestaciones.
Este instrumento consiste en una pequeña mesa redonda, de un solo pies, móvil, de treinta a cuarenta centímetros de diámetro, girando libremente y fácilmente sobre su eje, a manera de una ruleta. Sobre la superficie y alrededor de la circunferencia están trazados como en un cuadrante, las letras, los números y las palabras y no. Al centro hay una aguja fija. Dado que el sensitivo apoya los dedos sobre el ángulo de la mesita, esta gira, y se para cuando la letra deseada se encuentra debajo de la aguja. Se toma nota de las letras indicadas, y se hacen, de esta manera, muy rápidamente, las palabras y las frases.
Observamos que la mesita no se desplaza bajo los dedos, sino que los dedos, quedando apoyados, siguen el movimiento de la mesita. Quizá un sensitivo podría obtener un movimiento independiente; lo creemos posible, pero no hemos sido jamás testigos. Si la experiencia podría hacerse de esta manera, ella sería mucho más concluyente, por cuanto excluiría toda posibilidad de simulacro intencional.
7.  Queda por corregir un error muy difundido, el cual consiste en confundir con los Espíritus golpeadores todos los Espíritus que se comunican por medio de golpes. La tiptología es un medio de comunicación como cualquier otro; él no es menos digno de los Espíritus elevados, de cuanto lo sean la escritura o la palabra. Todos los Espíritus, buenos o menos buenos, pueden, por lo tanto, servirse del mismo al igual que lo hacen con los demás medios.
Lo que caracteriza a los Espíritus superiores es la elevación del pensamiento y no el instrumento del cual se sirven para transmitirlo; sin duda, ellos prefieren los medios más cómodos y sobretodo más rápidos; pero, a falta de papel y lápiz, ellos se servirán sin reparo de la rudimentaria mesa parlante, y la prueba está en que, por este medio, se obtienen las cosas más sublimes. Si nosotros no nos servimos de este medio no es porque lo despreciamos, sino, únicamente, porque, como fenómeno, nos ha enseñado todo lo que nosotros podíamos aprender del mismo, y que nada más puede agregar a nuestras convicciones, y que la extensión de las comunicaciones que recibimos exige rapidez incompatible con la tiptología.
Todos los Espíritus que golpean no son, por lo tanto, Espíritus golpeadores; este nombre debe ser reservado a aquellos que se pueden llamar golpeadores de profesión, y que, con la ayuda de este medio, se complacen en hacer jugarretas para divertir a una sociedad, o bien, para fastidiar con su inoportunidad. De su parte se puede esperar, en ocasiones, cosas briosas, -humorísticas-, jamás argumentos profundos, por lo cual sería perder el propio tiempo haciéndoles preguntas de cierta categoría científica o filosófica. Su ignorancia y grado de inferioridad han hecho, sí, que otros Espíritus, con justo título, les calificaran de Espíritus juguetones o saltimbanquis del mundo espiritual. Agregamos que, si actúan con frecuencia por cuenta propia, son también instrumentos de los cuales, con frecuencia se sirven los Espíritus superiores, cuando quieren producir efectos materiales.


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